sábado, 25 de noviembre de 2017

El empleo más importante!

Siempre me pregunto, siendo el de Presidente el cargo más importante que puede otorgarse a una persona dentro del país, por qué no hay un listado de condiciones minimamente necesarias y una serie programada de entrevistas y exámenes a los que se someta a los aspirantes a ese máximo empleo? Se que no corresponde a usos y costumbres, pero podríamos ser el primer país en ponerlo en práctica. Porque del mal desempeño e incapacidad de un Presidente pueden surgir las más nefastas e impredecibles consecuencias,  con las que va a cargar su pueblo, o sea su empleador, por largos y sufridos años. Habla Felipe Pigna  en su libro "La vida por la patria" del primer artículo publicado por Mariano Moreno en La Gaceta, y dice:

"Concluía  con una genial máxima que de haber sido escuchada y puesta en práctica otro hubiese sido nuestro itinerario como país."

Y transcribe:
"Sin embargo, el pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal; que sus pasiones tengan un dique más firme que el de su propia virtud; y delineado el camino de sus operaciones por reglas que no esté en sus manos trastornar, se derive la bondad del gobierno, no de las personas que lo ejercen, sino de una constitución firme, que obligue a los sucesores a ser igualmente buenos, sin que en ningún caso deje a éstos la libertad de hacerse malos impunemente." 

jueves, 23 de noviembre de 2017

"Las Ruinas de Palmira"

Pensadores tan antiguos como los de la Revolución Francesa no han perdido nada de vigencia, aunque lamentablemente no sean tan conocidos ni recordados por nuestros actuales políticos.
Nos cuenta Felipe Pigna en su libro "La vida por la patria" que a Mariano Moreno le apasionaba la lectura de Constantin-Francois Chassboeuf de La Giraudais, conocido como Volnay (ya que fue Conde de ese lugar). Y éste expresaba estos pensamientos en la obra citada en el título, siempre bajo la pluma de Felipe Pigna:

"Los hombres, decía Volnay, se unieron en sociedades a través de convenciones, escritas y tácitas. Hablaba de una época de oro en que las leyes eran justas y reconocían las virtudes de la gente, que no tenían necesidad de venderse y, por lo tanto,  los déspotas no encontraban mercenarios. El exceso de producción y la extensión del comercio permitieron alcanzar una prosperidad general, hasta que los fuertes se impusieron a los débiles y surgió el despotismo paternal que llevó al despotismo político y se fue rompiendo el pacto social. Entonces los fondos públicos se usaron para comprar elecciones, los jefes se convirtieron en líderes de organizaciones criminales para repartirse riquezas y honores y fundar la aristocracia. (...) Volnay llamaba a la reflexión a sus contemporáneos y les espetaba a legisladores: "Acordaos que sois nuestros semejantes; que el poder que os conferimos nos pertenece; que nosotros os lo damos en depósito, no en propiedad ni en herencia; que las leyes que haréis, vosotros seréis los primeros en someteros a ellas; que mañana descenderéis entre nosotros y que no habréis adquirido más derecho que el de la estima y el reconocimiento"."

lunes, 20 de noviembre de 2017

Si nos viera...

Así definía Manuel Ugarte en su libro "La patria grande", hace más de 70 años, su concepción de ser un parlamentario:

"Desde el punto de vista de la táctica, yo he creído siempre, por ejemplo, que no debemos ir al Parlamento para poner obstáculos a la obra común, sino para colaborar en ella; y que en cada diputado que no comparte nuestras opiniones no debemos ver un enemigo, sino un representante de otras corrientes, que, existiendo en el país y reflejándose en la Cámara, tienen que regular, con nuestro asentimiento o sin él, la rapidez de nuestra propia corriente.
Entiendo además, que un grupo político no debe ser una entidad flotante donde cada elector hace entrar a su capricho las reivindicaciones que más le sugestionan, sino el rígido marco que encuadra las aspiraciones bien definidas de una parte de la nación y que los programas de doble fondo, hechos para atraer simultáneamente a los tímidos simpatizantes y a los sectarios extremos, así como la acción parlamentaria que se traduce en violencias de forma con las cuales se pretende ocultar la modestia de los resultados obtenidos, no son procedimientos propios de una agrupación seria, máxime si esta se anuncia como fuerza renovadora destinada a depurarlo todo."

sábado, 18 de noviembre de 2017

Y yo, qué pensaba?

Eso deben estar preguntándose hoy numerosos políticos que es ocioso mencionar, que supieron integrar una lista de candidatos en representación de un partido político X, y que habiendo sido electos y asumido sus reponsabilidades, parecieron confundir absolutamente los ideales que perseguían y que los alinearon con aquéllas candidaturas.
Qué diría hoy Manuel Ugarte? un político cuya ética lo llevó a renunciar a su pertenencia al Partido Socialista en el cual militó 10 años, y así nos lo explica en su libro "La Patria grande":

"...Perdida la esperanza de impedir el error, reivindico por lo menos el derecho de no asociarme a él. Como protesta contra los hechos consumados y en previsión de lo que comprendí que debía producirse después, decliné (como ya había declinado antes una candidatura a diputado) la candidatura a senador que me brindó el Partido Socialista. 
No fue vana exhibición de desinterés, porque la austeridad democrática no consiste en rehusar sistemáticamente todos los puestos, sino en abstenerse de aceptarlos cuando se lastima la integridad de los principios. Fue un acto elemental de prudencia. El orgullo de ocupar un sillón en la Alta Cámara en medio de hombres representativos a los cuales respeto, no me ofuscó hasta el punto de impedirme ver el dilema que me acechaba: ser inconsecuente con mis ideas o serlo con el partido que me favorecía con su designación. Una vez en el Parlamento, hubiera tenido que
burlar la confianza que en mí depositaba el grupo que me hacía candidato, desarrollando una acción extraña a sus preferencias, o hubiera tenido que ahogar mis convicciones personales para defender soluciones excesivas que considero contrarias al mismo fin humanitario que se persigue.
Había además una cuestión de responsabilidad. Aceptar era declararme colaborador en actos y propósitos que repruebo, contribuyendo a mantener una confusión penosa. No cabe recibir investiduras de un partido con el cual disentimos, porque el solo hecho de figurar como candidato patrocinado por él, indica que nos solidarizamos en el pasado y en el presente con su programa y sus procedimientos. Cuando  asoma una divergencia o se advierte una incompatibilidad, lo pertinente es abstenerse hasta hacer prevalecer nuestra especial manera de ver las cosas, o separarse, delimitando el campo mental en que aspiramos a movernos."

viernes, 17 de noviembre de 2017

Adiós Mercosur?

Con cuánta esperanza observaba los avances y proyectos del Mercosur y con cuánta tristeza veo hoy su deliberado estancamiento! Siempre avanzamos en espirales, que en un momento se vuelven retrocesos.
Era el año 1924 cuando Manuel Ugarte, un diplomático y político argentino que supo militar en el Partido Socialista, escribía esto en su libro "La patria grande":

"Mi gira por América me ha permitido ver de cerca muchas cosas. La mitad del continente tiene la cara vuelta hacia el Sur, esperando de la Argentina, de Chile y del Brasil un gesto, una promesa, una esperanza. ¿Nos encogeremos de hombros hasta universalizar la decepción? Es difícil marcar la frontera entre el silencio y la complicidad. ¿De qué nos serviría la grandeza y el triunfo, si no sabemos utilizarlo en favor de la justicia y la verdad, que en este caso coinciden y se confunden con el engrandecimiento moral propio. Cuando se posee un automóvil, no es para contemplarlo y caer en éxtasis, sino para ponerlo en marcha y andar...
La Argentina tiene intereses y responsabilidades, y debe reaccionar contra el sueño, que es hoy la distintiva de su política. Salta a los ojos que el imperialismo no puede ver con complacencia que se levante en el Sur una fuerza capaz de difundir sus productos y de ser también núcleo de atracción en el continente. Todo su esfuerzo tiene que tender a inmovilizarnos políticamente y económicamente, a desviar o a captar nuestra influencia y nuestra riqueza. Al paso que van las cosas sólo llegaremos a comprender una combinación tan elemental cuando sea imposible contrarrestarla."

martes, 14 de noviembre de 2017

Recetas de ayer, recetas olvidadas...

Uno lee, y sin ser economista ni profesional alguno, piensa que así debería ser, y sabe que así fue como otros países llegaron a ser potencias. Así escribía el Gral. Belgrano en el periódico "Correo de Comercio" allá por 1810, en sendos artículos, que pueden verse en las páginas del libro "La vida por la patria", gracias a la generosidad de Felipe Pigna. Dice con referencia a la industria:

"Ni la agricultura ni el comercio serían casi en ningún caso suficientes a establecer la felicidad de un pueblo si no entrase a su socorro la oficiosa industria. No hay desarrollo si este ramo vivificador no entra a dar valor a las rudas producciones de la una, y materia y pábulo a la permanente rotación del otro, cosas ambas que cuando se hallan regularmente combinadas, no dejarán jamás de acarrear la abundancia y la riqueza al pueblo que las desempeñe felizmente."

Y escribe también sobre la necesidad de crear un sólido mercado interno:


"El amor a la patria y nuestras obligaciones exigen de nosotros que dirijamos nuestros cuidados y erogaciones a los objetos importantes de la agricultura e industria por medio del comercio interno para enriquecerse, enriqueciendo a la patria porque mal puede ésta salir del estado de miseria si no se da valor a los objetos de cambio y por consiguiente, lejos de hablar de utilidades, no sólo ven sus capitales perdidos, sino aún el jornal que les corresponde. Sólo el comercio interno es capaz de proporcionar ese valor a los predichos objetos, aumentando los capitales y con ellos el fondo de la Nación, porque buscando y facilitando los medios de darles consumo, los mantiene en un precio ventajoso, así para el creador como para el consumidor, de que resulta el aumento de los trabajos útiles, en seguida la abundancia, la comodidad y la población como una consecuencia forzosa."

viernes, 10 de noviembre de 2017

Los ferrocarriles nacieron nuestros!

Nos cuenta Carlos D'Amico en su libro "Buenos Aires, sus hombres, su política (1860-1890) que en el año 1857 no había en la Argentina ni un metro de ferrocarriles, cuando unos cuantos estancieros ricos se asociaron para construir un riel hasta San José de Flores. Pronto los ferrocarriles se multiplicaron y comenzaron a recorrer la pampa en todas direcciones llevando riqueza, construídos por ingenieros y brazos argentinos, administrados por argentinos. Pero el entonces Gobernador Máximo Paz vio la posibilidad de negociarlos para pagar deuda, y sabía que el pueblo no iba a consentir ese despojo porque estaban administrados admirablemente, eran puntuales, económicos para el usuario y mantenían a miles de familias. Entonces:

"...la venta se decidió en el espíritu del Gobernador, y empezó a trabajar en ella con una tenacidad y una astucia que da lástima ver empleadas para poder practicar un acto moralmente delictuoso (...)
Se acercaba la hora de vender, y era necesario probarle al pueblo que los ferrocarriles no podían continuar administrados por el Estado. Entonces inventó no pagar a los empleados, para desanimarlos, para conseguir su desmoralización, y que no tomasen empeño en corregir los abusos, ni en contentar al público; y mandó que no se pagase ningún empleado con excepción de las dos principales estaciones de La Plata y el Once de Setiembre, para que la grita se mantuviera lejos, y nadie se ocupara de ella.
Cuando el desaliento había llegado a su último extremo, que parecía que todo se caía a pedazos, y por primera vez la empresa hubo perdido doscientos mil pesos en tres meses, y sus rentas no alcanzaron a pagar sus deudas, se le ocurrió esta perversidad: no pagar a los maquinistas y foguistas. Naturalmente estos pobres obreros que no contaban para mantener a sus familias, con más recursos que su sueldo, se declararon el huelga, y el tráfico se suspendió; y los viajeros obligados por sus negocios produjeron una explosión en el público; y sucedió con el ferrocarril, lo que con aquellos esclavos que recibían palos y puntapiés, porque sus cuerpos ostentaban las llagas hediondas producidas por el látigo injusto del amo cruel; el número infinito de estultos echó la culpa a los ferrocarriles, de los desmanes de Paz; y éste aprovechó la circunstancia para hacer pasar la ley disponiendo su venta. (...)
Tantos millones se escribieron, tantas promesas de futura felicidad se hicieron, que el pobre pueblo, el verdadero Juan Lanas de todas estas maniobras, llegó a anhelar la venta del ferrocarril, con la misma angustia con que el náufrago perdido entre las olas del inmenso mar ansía la tabla de salvación"