“(…) las oligarquías
gubernamentales desarrollan un plan sistemático para aniquilar la soberanía del
pueblo, transfiriendo a grupos de especuladores el goce de los bienes de la
Nación, sin hallar resistencia efectiva en los llamados partidos opositores que
aprovechando la abstención radical, fueron a compartir posiciones con el
pretexto de defender desde ellas los derechos populares. Ninguna desilusión
hemos sufrido al verles arrastrados por el camino de su destino común con los
gobernantes, porque, como ellos, han entrado en el manejo del Estado, sin
contar con la verdadera voluntad del pueblo. (…)
Después, esas direcciones han abandonado sus
deberes, al propiciar la salida de la abstención en que se mantuvo la austera
protesta del pueblo soberano contra todo lo que se hacía, sin derecho, en su
nombre. Y, de renuncio en renuncio, esas direcciones han llegado a ser
fomentadoras de resignaciones y acomodamientos.
No sin amargura hemos visto
también a algunos de los que fueron, con nosotros y más señaladamente que
nosotros, sostenedores de la soberanía popular hasta el 2 de enero de 1935,
dejar sus ideales de redención nacional para tomar la senda de unos comicios
susceptibles de conducir a la disociación de la Unión Cívica Radical.
Ésta no ha de destruirse sin
embargo. El intento de los que aspiran a emplear su inmensa fuerza colectiva
como una fuerza ciega, para llegar a fines opuestos a las aspiraciones del
pueblo radical, de realizar una vida nacional solidaria y digna, de trabajo y
de justicia, no puede seguir ya su camino sin que, del mismo seno de la Unión
Cívica Radical, surja el empeño consciente de defenderla.
Hemos agotado ya toda esperanza
de que los autores de errores y desviaciones reiteradas escuchen nuestras
reflexiones, nuestras instancias, nuestras súplicas, nuestras advertencias.
Deploramos que las autoridades de la Unión Cívica Radical con el pretexto de
conseguir la soberanía política del pueblo, estén colaborando con las
oligarquías económicas, entregadas al capitalismo extranjero. (…)
Pues todo riesgo de desintegración moral de la
Nación Argentina sería insignificante si la Unión Cívica Radical estuviera en
su entereza moral como custodia del patrimonio de la República, porque ella
sabría poner por sus propios medios la reparación y el freno necesario a los
daños sucedidos y a los que se avecinan. (…)
Se ha de ilustrar concretamente el criterio de
todos con la revelación de los hechos y expectativas que definen el actual
momento de la vida nacional, y para ello se citará nombres de personas y
Estados sin los cuales la exposición de nuestra causa perdería la claridad
necesaria para servir al juicio público. No nos mueve hacia esas personas y
naciones, prevención ni desafecto.
F.O.R.J.A., al denunciar el carácter de la
gestión del actual gobierno y la ineficacia de sus oposiciones parlamentarias,
acusa a las autoridades de la unión Cívica Radical por mantener silencio
ante la gravedad de (…)
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